Una canción para Palestina

Porque a veces no son suficientes las palabras, porque a veces, muchas, también es necesaria la música, que aplaca (dicen) a las bestias. Porque la música nos salvará. La masacre de Palestina perpetrada por Israel ya tiene la suya para acallar, aunque solo sea por unos minutos, las bombas de la ignominia y la vergüenza que estallan en mercados, refugios y escuelas. Sí, vergüenza inmensa. #GazaUnderAttack.

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Verano azul

TVE ha vuelto a reponer Verano Azul. Los programadores han considerado que este podría ser un buen momento, acuciados por los recortes presupuestarios en calidad y por los recortes particulares de cada uno en imaginación. Podemos verla desde el 30 de junio, y en versión remasterizada para los más sibaritas. La serie no se veía desde 1995, aunque en la memoria colectiva vuelva una y otra vez cada verano y todo se suceda como un continuum en el que, al contrario de lo que postulaba el Príncipe en El Gatopardo, nada tenga que cambiar para que parezca que todo está bien, que sigue igual.

aborto+El RotoComo cada año, Chanquete morirá, esta vez en medio de un paquete de medidas legislativas que nada tienen que ver con él; tampoco con nosotros. La exaltación y elogio de la bicicleta como juego y medio de transporte, de la libertad como opción de vida y la inocencia de aquellos años quedan ya lejos, y ni remasterizados nos la podrán colar. Se perderán de nuevo con el viejo marino varado en tierra y sus amigos antes de que acabe el verano. Lo ha dicho Alberto Ruiz-Gallardón, porque el ministro de justicia, que apenas nada parece saber de ella, prepara su verano más azul, con su ley del aborto particular y aprovecha la coyuntura, la modorra bochornosa del verano para fraguar una ley también bochornosa y dar uno de los últimos hachazos a la desmigajada libertad privada que agoniza en la arena de la playa. Y apenas le queda ya tiempo al ministro. Deberá darse prisa si quiere que sus desmemoriados votantes no se acuerden del atropello en 2015, año mariano de elecciones autonómicas y municipales.

Y al igual que los protagonistas de la serie coreaban No nos moverán allá en 1982, cuando una constructora extorsionaba, ayer como hoy, a Chanquete para que abandonara su barca, su huerto, su vida, también hoy en 2014, como en 1936, tendremos que salir a gritar de nuevo No pasarán. Cuando parecía todo superado. Ayer como hoy.

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La rebelión de las estadísticas y el complejo de Frankenstein

Al Gobierno de Rajoy le crecen los enanos, y tiene muchos alrededor. Ha llegado la hora de la rebelión de las máquinas, ese escenario apocalíptico clásico de ciencia ficción en el que las máquinas, superiores intelectualmente, se rebelan contra sus creadores. Isaac Asimov dio en llamar complejo de Frankenstein al miedo visceral a esa rebelión. Pues bien, ese escenario ya ha llegado. Las estadísticas, esa ciencia que estudia y racionaliza datos aparentemente inconexos, se han convertido en un elemento subversivo. No son ETA todavía, pero se perfilan como unas incipientes antisistema y todo se andará.

El Roto realidadEl Instituto Nacional de Estadística (INE) estrenaba ayer nueva estadística: el número de ejecuciones hipotecarias sobre viviendas habituales creció, entre enero y marzo, más del 19 por ciento en relación con el trimestre anterior, hasta las 9.464. Aunque se estabiliza respecto a los tres primeros meses del año pasado, no deja de ser una piedra en el dulce camino de la recuperación por el que camina el Gobierno. Y la rebelión no ha hecho más que empezar.

 

Los ciudadanos continúan descontentos. Protestan, salen a la calle, enarbolan pancartas, gritan eslóganes, reclaman justicia, atención. También crece el número de huelgas, hasta 994 el año pasado: casi tres por día. Teniendo en cuenta que la huelga es el último recurso, el de la desesperación, resulta sintomático. Y no es un descontento injustificado: los recortes en Sanidad, Educación, así como en derechos laborales y sociales van acompañados de un deterioro de la calidad no ya solo de lo público y democrático, patrimonio inmaterial construido golpe a golpe, sino también de los servicios cotidianos privados, por los que pagamos sin remisión. Y no es una percepción subjetiva, alentada por el nihilismo existencial.

Lo dice la Comisión Europea: España es la segunda peor de la UE en servicios de telecomunicaciones (teléfono fijo, móvil e Internet), cuentas bancarias y tarjetas de crédito, inversiones financieras y planes de pensiones, seguros de vivienda y vida, mantenimiento, asistencia legal y cultura y entretenimiento. La segunda peor, insisto. Pero escala una posición, hasta la antepenúltima de la cola, en suministro de electricidad y servicios bancarios de hipotecas.  Estadísticas… ¿Qué sabrán ellas de esta recuperación triunfante hacia la nada, donde la luz lo invade todo hasta deslumbrar y dejar ciego o convertido en sal a quien la mira directamente para corroborar su presencia? Más de 500.000 almas han abandonado este cuerpo moribundo para no cegarse y, con todo, el paro no cede. Estadísticas…

“Estas son mis estadísticas, señor Rajoy. Si no le gustan, tengo otras DIY”.

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La proclamación desnuda

monarquiaApenas quedaban 24 horas para los grandes fastos de la proclamación y todos seguían siendo incapaces de avisar al futuro Rey de que estaría desnudo frente a millones de espectadores y de que así tendría que estar lo que le quedara de reinado. Algunos, muchos, siguiendo el orden lógico del escalafón social según se iban acercando a la corte, incluso estaban llegando a vislumbrar trajes de brocados y encajes cubriendo el blanco cuerpo del príncipe, cada día más lívido y demacrado según se acercaba la fecha.

Cualquiera que se hubiera atrevido en el reino a apuntar al futuro rey con el dedo y gritar que iba desnudo habría sido tildado de antisistema, de comunista en el peor sentido de la palabra, de pornográfico y obsceno. Por eso la evidencia era solo un murmullo que viajaba de boca a oreja. El sistema, el estado de derecho se había convertido en un estado de derechas y se había alejado de la ciudadanía. Cuando había reuniones, enviaba antidisturbios a las plazas para dispersar los átomos impidiéndoles que crearan células. El sistema se amparaba en la opacidad y en cortinas de humo, tras los que se sentía seguro, desnudo él también, cada vez más frío, más corrupto y agrietado.  Y ahora con un nuevo rey que nace viejo, sin tierra, sin espada.

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Amanece República

Plaza Catalunya de Barcelona, ayer.

Plaza Catalunya de Barcelona, ayer.

El Periódico dio ayer la noticia del año, quizá de la década aunque sea aventurado un pronóstico en estos tiempos convulsos, tan imprevisibles de previsibles que se dibujan, cuando la realidad se empeña en superar los pronósticos más descabellados. La noticia, esa línea de los futuros libros de historia (otro pronóstico loco el de futuros libros) se multiplicó en redes sociales, en otros medios más o menos generales, más o menos mayoritarios, en personas, hasta converger en la Plaza, de donde no debimos haber salido nunca. Banderas tricolores tiñeron los espacios vacíos, de tránsito ajetreado. Habíamos venido para quedarnos, y nos fuimos cansados. Ahora hemos vuelto, a exigir, de nuevo, más democracia, nuevos colores.

Porque no solo la sanidad de lo puramente físico en su sentido más estricto está recortada, también la otra más sutil, la sanidad democrática. Para parar la metástasis, cientos de miles de personas salieron ayer a las ágoras a pedir libertad, libertad de elección, a gritar a los oídos sordos, a los ciegos y tuertos, para que el régimen monárquico no se perpetúe, hartos de representantes a quien nadie eligió, de políticos, banqueros corruptos, hartos de su impunidad y de sus fuerzas de represión cuando se reclama justicia. A pedir Salud, y también República.

Y mientras avanzaba lenta en medio del gentío, observaba caras contentas, escuchaba retazos de conversaciones nada monárquicas y echaba en falta una tricolor que enarbolar para que le diera el aire fresco del atardecer en primavera. Y el móvil me hervía en el bolsillo de la chaqueta, exhausto, contento también con tanta cháchara en un guiso de frikadas de una familia cada vez más irreal, difuminada en esperpento. Y tras las palabras que salían de la plaza y entraban en las ventanas de los edificios colindantes (“No hay dos sin tres, República otra vez!”) se imponía un repiqueteo, energía renovable y renovada ardiendo incombustible. Empezó a sonar la orquesta, un himno, y yo cantaba por dentro: “Si los curas y frailes supieran, la paliza que les van a dar, subirían al coro cantando: “¡Libertad, libertad, libertad!”. Si los Reyes de España supieran lo poco que van a durar, a la calle saldrían gritando:“¡Libertad, libertad, libertad!”.

 

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