Y que la riada lo arrase todo

Hace hoy una semana en que lo normal se ha convertido en una circunstancia anecdótica, algo fuera de lo común. No sé si la reconocería si volviera a verla. Vivir en el sobresalto continuo te hace sentir viva, pero requiere unas buenas dosis de paciencia y fortaleza de carácter para los que no me he sentido preparada. Pero, ¿qué es lo normal?

En esta sociedad opulenta pese a todo y a todos (esto es el llamado primer mundo y Latinoamérica aún se ríe a carcajadas de nuestra crisis), lo normal es que las cosas funcionen sin que reparemos en ellas: que los grifos no goteen mojando al vecino de abajo, las paredes filtrando toda la humedad y separando la pintura de las paredes, que las cisternas no se quiebren, que los plazos de entrega se cumplan (esa logística…), votar en democracia… Eso vendría a ser lo normal.

El Roto microfonoCuando nada de esto sucede y las anomalías se suceden y solapan unas con otras, crece el desencanto, la desesperanza, la podredumbre, la rabia al fin. Lo normal también debería ser volver al trabajo tras las vacaciones, tener una depresión post-vacacional gloriosa hasta casi Navidad. Hoy, ir al trabajo tampoco va a ser fácil: llega un electrodoméstico básico con una semana de retraso y mi vida se parece estos días más a la de una amish que a la de una mujer del siglo XXI.

Y solo queda una opción: salir a la calle, no importa de qué color, y pedir la independencia. Independencia de un mundo podrido por la cal, por la corrupción de los materiales de los que no recordamos si fueron nobles algún día, de la feina que resultó mal feta sin futuro tal y como nos contaron que iba a ser. Vivimos en un presente, que fue futuro hace unos años, de palabras huecas como burbujas. Sí, me independizo de los Pujol, de los Bárcenas, los Borbones y su patente de corso, de los bigotes de la Gürtel, de políticos fatuos, una plaga, de pseudo-periodistas que distorsionan la información para agradar a los poderosos que acorralan a sus corporaciones mediáticas. De todos ellos me independizo y miro dentro y veo cómo el agua libre devora los pastos que un día fueron suyos y lo arrasa todo. Feliz lunes.

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Good night, Vietnam

Robin Williams se suicidó anoche. Solo, deprimido. Oh, capitán!, esa era la última opción de entre todas. Nunca debiste hacer algo así, ni esconderte tras la máscara que te devolvía las sonrisas y carcajadas de otros, no las tuyas. No debiste hacerlo, te lo digo desde el más absoluto de los egoísmos, Ahora Dios, el gran Egoísta, o quien quiera que sea el gracioso que controla este tinglado, debe estar sonriendo en sesión privada. Aquí hoy, el mundo es algo menos maravilloso que de costumbre.

Good night, Robin. DEP

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Una canción para Palestina

Porque a veces no son suficientes las palabras, porque a veces, muchas, también es necesaria la música, que aplaca (dicen) a las bestias. Porque la música nos salvará. La masacre de Palestina perpetrada por Israel ya tiene la suya para acallar, aunque solo sea por unos minutos, las bombas de la ignominia y la vergüenza que estallan en mercados, refugios y escuelas. Sí, vergüenza inmensa. #GazaUnderAttack.

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Verano azul

TVE ha vuelto a reponer Verano Azul. Los programadores han considerado que este podría ser un buen momento, acuciados por los recortes presupuestarios en calidad y por los recortes particulares de cada uno en imaginación. Podemos verla desde el 30 de junio, y en versión remasterizada para los más sibaritas. La serie no se veía desde 1995, aunque en la memoria colectiva vuelva una y otra vez cada verano y todo se suceda como un continuum en el que, al contrario de lo que postulaba el Príncipe en El Gatopardo, nada tenga que cambiar para que parezca que todo está bien, que sigue igual.

aborto+El RotoComo cada año, Chanquete morirá, esta vez en medio de un paquete de medidas legislativas que nada tienen que ver con él; tampoco con nosotros. La exaltación y elogio de la bicicleta como juego y medio de transporte, de la libertad como opción de vida y la inocencia de aquellos años quedan ya lejos, y ni remasterizados nos la podrán colar. Se perderán de nuevo con el viejo marino varado en tierra y sus amigos antes de que acabe el verano. Lo ha dicho Alberto Ruiz-Gallardón, porque el ministro de justicia, que apenas nada parece saber de ella, prepara su verano más azul, con su ley del aborto particular y aprovecha la coyuntura, la modorra bochornosa del verano para fraguar una ley también bochornosa y dar uno de los últimos hachazos a la desmigajada libertad privada que agoniza en la arena de la playa. Y apenas le queda ya tiempo al ministro. Deberá darse prisa si quiere que sus desmemoriados votantes no se acuerden del atropello en 2015, año mariano de elecciones autonómicas y municipales.

Y al igual que los protagonistas de la serie coreaban No nos moverán allá en 1982, cuando una constructora extorsionaba, ayer como hoy, a Chanquete para que abandonara su barca, su huerto, su vida, también hoy en 2014, como en 1936, tendremos que salir a gritar de nuevo No pasarán. Cuando parecía todo superado. Ayer como hoy.

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La rebelión de las estadísticas y el complejo de Frankenstein

Al Gobierno de Rajoy le crecen los enanos, y tiene muchos alrededor. Ha llegado la hora de la rebelión de las máquinas, ese escenario apocalíptico clásico de ciencia ficción en el que las máquinas, superiores intelectualmente, se rebelan contra sus creadores. Isaac Asimov dio en llamar complejo de Frankenstein al miedo visceral a esa rebelión. Pues bien, ese escenario ya ha llegado. Las estadísticas, esa ciencia que estudia y racionaliza datos aparentemente inconexos, se han convertido en un elemento subversivo. No son ETA todavía, pero se perfilan como unas incipientes antisistema y todo se andará.

El Roto realidadEl Instituto Nacional de Estadística (INE) estrenaba ayer nueva estadística: el número de ejecuciones hipotecarias sobre viviendas habituales creció, entre enero y marzo, más del 19 por ciento en relación con el trimestre anterior, hasta las 9.464. Aunque se estabiliza respecto a los tres primeros meses del año pasado, no deja de ser una piedra en el dulce camino de la recuperación por el que camina el Gobierno. Y la rebelión no ha hecho más que empezar.

 

Los ciudadanos continúan descontentos. Protestan, salen a la calle, enarbolan pancartas, gritan eslóganes, reclaman justicia, atención. También crece el número de huelgas, hasta 994 el año pasado: casi tres por día. Teniendo en cuenta que la huelga es el último recurso, el de la desesperación, resulta sintomático. Y no es un descontento injustificado: los recortes en Sanidad, Educación, así como en derechos laborales y sociales van acompañados de un deterioro de la calidad no ya solo de lo público y democrático, patrimonio inmaterial construido golpe a golpe, sino también de los servicios cotidianos privados, por los que pagamos sin remisión. Y no es una percepción subjetiva, alentada por el nihilismo existencial.

Lo dice la Comisión Europea: España es la segunda peor de la UE en servicios de telecomunicaciones (teléfono fijo, móvil e Internet), cuentas bancarias y tarjetas de crédito, inversiones financieras y planes de pensiones, seguros de vivienda y vida, mantenimiento, asistencia legal y cultura y entretenimiento. La segunda peor, insisto. Pero escala una posición, hasta la antepenúltima de la cola, en suministro de electricidad y servicios bancarios de hipotecas.  Estadísticas… ¿Qué sabrán ellas de esta recuperación triunfante hacia la nada, donde la luz lo invade todo hasta deslumbrar y dejar ciego o convertido en sal a quien la mira directamente para corroborar su presencia? Más de 500.000 almas han abandonado este cuerpo moribundo para no cegarse y, con todo, el paro no cede. Estadísticas…

“Estas son mis estadísticas, señor Rajoy. Si no le gustan, tengo otras DIY”.

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