2015 viene con el manual de instrucciones en alemán

No he podido esperar a mañana y he empezado a desenvolver el regalo. Es tiempo. Lo he hecho rápido, no fuera a ser que se desvaneciera, tan frágil, efímero y a la vez tan valioso… Consta de 365 días, con sus 8.760 horas y sus 525.600 minutos. Si consigo engarzarlos habré formado un año, ese es el regalo. El montaje corre a cargo del comprador. Ikea nos ha hecho un daño irreparable a los patosos, impacientes y ensimismados, así como a los que compaginan estos calificativos en un caos de dimensiones gloriosas.

2015, que así se llama, se presenta muy difícil de construir de forma sostenible. Hay piezas que no funcionaban ya en la versión 2011. Incluso, para ahorrar costes, se ha incluido alguna reliquia de la v.1978. Un imposible solo apto para inteligentes y expertos de mano izquierda, apertura de miras y empatía. Ahí está el reto y el objetivo del juego.

reyes-magos-ForgesElecciones municipales, autonómicas y también generales (a más tardar el 20 de diciembre), una economía varada aunque el ministro del ramo, Luis de Guindos, confunda su situación profesional con la del resto y el presidente del Gobierno realice viajes astrales y aterrice como pueda. Sus palabras sonarían falsas si no fueran un insulto a los 5,4 millones de parados que, según la EPA, buscan empleo desde hace años, más de la mitad ya sin prestación ni esperanza; a los dependientes sin ayuda económica para vivir con dignidad; a los pensionistas; a los trabajadores precarios; a los estudiantes; a las amas de casa que ya no saben cómo estirar más el dinero y, en fin, a los que no tienen carné del PP ni conocen a nadie que lo tenga.

Lo peor es que el manual de instrucciones de este 2015 viene en alemán, lo que complica la faena. Angela Merkel marca el paso y las instrucciones de montaje, fija las normas de uso y exime al fabricante de cualquier responsabilidad de no seguir las estrictas normas que marca la troika. También recomienda los productos más adecuados para su mantenimiento, en este caso caras conocidas, nuestros hijos de puta, los que nos han traído al abismo en que nos encontramos. Esto excluye productos inflamables para el status quo como Syriza en Grecia o Podemos en España, ambos partidos recogiendo el pulso de la calle y con unas intenciones de voto muy altas en las encuestas. Entre las instrucciones, ininteligibles, y los recortes va a ser muy difícil articular un futuro medianamente reconocible como tal para el gran consumidor, ese que solía ser el cliente que siempre tenía la razón cuando esto era democracia.

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No me llames ilusa

No me considero ilusa, pero estos días ando atareada con un nuevo sentimiento que apenas recordaba: tengo una ilusión. Soy consciente de que puede parecer una locura de juventud, una ingenuidad, estar ilusionada en estos tiempos, con la que está cayendo, ahogados por el pesimismo como estamos, con el piloto automático puesto todo el día, sin querer pensar, no digamos soñar, en lo que antes llamábamos futuro y que ahora nadie se atreve a calificar. Pero estamos cansados de esta carrera de fondo en pendiente, con el poder y sus esbirros, tan bien pagados, soplando en contra, crispando las olas hasta el dolor. Ni siquiera ellos quieren pensar en el futuro, por si acaso, mientras achican el agua de las encuestas y las intenciones de voto. Tardé en enfrentarme a mi ilusión, no fuera un espejismo y, durante semanas, solo he leído, eso sí, con mucho interés, sus palabras interpretadas por otros. Asistía a los ataques de que era objeto, a las embestidas de las alimañas amenazadas.

Pero no le esperaba como se espera a un mesías. Un lejanísimo colegio de monjas amuebló mi cabeza con argumentos en pro del ateísmo. Después de demasiados años de frustración y decepción, de rabia y de impotencia ante la magnitud de la tragedia, sé que no hay ningún mesías. Solo existen para los corruptos, como los décimos premiados en Navidad o las exculpaciones judiciales. Ahora, que ya he visto, oído y padecido todo lo que no quiero, es más fácil discernir. Hemos perdido tanto en tan poco tiempo que da vértigo.

Pablo-IglesiasVuelvo a mi ilusión. Como decía, tenía miedo de que se desvaneciera si me acercaba. Pero finalmente le escuché. Se estrenó ante mis oídos y ojos en El Objetivo, de Ana Pastor. Me gustó, pese al ataque frontal y la superioridad sobreactuada de la periodista: no hacía falta, ya sabemos que eres buena profesional. Confirmé mis sospechas en La noche en 24 horas, de TVE, la de ellos, donde asistí a la copiosa cena que se dio Pablo Iglesias, líder de Podemos (sí, esta es mi ilusión) a costa del director del programa de primero, que se revolvió como un animal herido desde el minuto uno, y tertulianos de acompañamiento. Sí, definitivamente, por primera vez desde 2004, se puede decir sin lugar a dudas, que tengo una ilusión. Sí, se puede. Aunque haga mucho frío…

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Ya no soy España

Ya no soy España. Fui a votar esta mañana. Después de mucho barruntar si iba o no. Si iba y, una vez allí, votaba o no. Si votaba sí, si votaba no… Pero fui. Voté. Y con ese pequeño gesto dejé de ser española. El SI-SI era redundante.

Ha sido más fácil y rapido de lo que nunca hubiera imaginado. Sin traumas, sin rencores ni victimismos. Ha sido una pequeña pero efectiva descarga de democracia en vena, y a través de ellas, sentirla fluir hasta los órganos vitales y activarlos: corazón, cerebro, hígado, riñones… Es natural. Como seguir una dieta sana sin excesos y ponerse a andar, marcarte un pequeño trayecto como objetivo, leer (en este caso la papeleta), escoger, agudizar la vista y la puntería. Ya está.

Mi colegio electoral, esta mañana. Nunca había estado tan lleno.

Mi colegio electoral, esta mañana. Nunca había estado tan lleno.

Y es entonces cuando dejas atrás, aunque solo sea por un momento, a la España rancia de mayorías sordas y absolutas compuestas por un elenco de ineptos e incapaces, que se aprovechan de lo público al tiempo que lo desprecian y arruinan, de prepotentes que se creen que la calle y la poltrona son suyas y que olvidaron hace tiempo para qué están ahí (quizá nunca lo supieron porque los suyos tampoco se lo dijeron), de sobres en negro como el alma de los que los dan y los toman.

En democracia, lo normal es votar. Sin aspavientos, con naturalidad. De eso se trata.  Y no es un órdago. Ni debería ser un circo, aunque se le parezca bastante. Y con todo, nos manipulan unos y otros como lo han hecho hasta ahora. Ser masa tiene estas cosas. Pero el objetivo no era este. Solo se ha desatascado una cañería y ha empezado a fluir algo de aquello que solíamos llamar democracia.

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En el mar oscuro de las tarjetas ‘black’

Ignorantes. Definitivamente, el mundo, al menos el que conocemos, es de los que no saben nada, de los que nunca se dan por aludidos pese a su olfato para los negocios propios y sus másters y experiencia al frente de renombrados organismos y entidades financieras nacionales e internacionales. Otro trozo del pastel de este mundo corresponde también a aquellos que no se dan por aludidos, aun intuyendo que saben. A esos se les llena la boca pidiendo moderación salarial y persiguiendo a pequeños autónomos sin IVA. Y esa misma boca se les vuelve chica y se arruga cuando sacan su cartera de piel, impoluta, ese apéndice, con todas las ranuras repletas de tarjetas gold, black, platinum, tarjetas opacas que no dejan pasar la luz. Muy oscuro todo, sobre todo en las aguas profundas, también oscuras, donde este iceberg del timo del que apenas hemos visto la punta asomada alcanza toda su magnificencia, albergando una vida abisal de parásitos, monstruos marinos y depredadores al acecho entre las grietas.

Dinero de plástico, tan duro como sus caras, tan contaminante como ellos: políticos, banqueros, asesores de medio pelo borrachos en la fiesta del dinero a espuertas. Una fiesta que pagamos todos. Ahora que se ha hecho de día, toca devolver lo robado, con su multa y sus intereses de demora correspondientes. No es saña, es lo que estaría obligado a hacer cualquier paria de la sociedad y, tras todo eso, a la cárcel hasta que se reinserten en la sociedad a la que ahora tanto desprecian. Feliz martes.

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Estoy enferma

Ando enferma estos días. Los síntomas son los propios de la rabia, que debe ser probablemente la enfermedad que arrastro. No tengo protocolo, nada está escrito. Solo me queda esperar que pase, que podría ser nunca, o hacer algo. Escribo ahora como paliativo, ya que queda más de un año para que pueda llegar el antídoto. Los síntomas, por si hay un médico en la sala que me pueda echar un protocolo, son irritación, aturdimiento, estupefacción, ira, impotencia: un cuadro clínico propio de una república bananera.

Cuando el protocolo, ese modelo escrito que se busca en archivos olvidados cuando no se sabe qué hacer en el plano de la acción, se sigue a rajatabla y, al tiempo, una enfermera que había estado en contacto con dos enfermos de ébola empieza a tener los primeros síntomas (fiebre) y se la envía de vacaciones a su casa, es que algo rechina. Sanidad achaca el desaguisado a un fallo humano: la culpa, de nuevo, del maquinista. La incompetencia, la inutilidad, la improvisación y el sálvese quien pueda de ministros sin la mínima dignidad para dimitir de un cargo para el que no están preparados, como es el caso de Ana Mato, no entran en ese protocolo, impoluto de tan poco uso.

Excalibur no debe morir

Excalibur no debe morir por la ignorancia de Sanidad

Mientras languidece en un hospital no preparado para tal reto la enfermera experimentada que acudió al hospital a las primeras de cambio con los primeros síntomas de la enfermedad y recibió por respuesta Paracetamol y unas vacaciones, las redes arden contra la ministra de color naranja (#AnaMatodimisión) y contra la intención de sacrificar a su perro Excalibur. De matar al animal, Sanidad debería asesinar también a su marido y a todas las personas que hayan podido estar en contacto. Excalibur no debe morir si no está contagiado. Pero Mato y su cuadro de asesores sí deben ser sacrificados, al menos políticamente.

Pero los sacrificios van por barrios. Que el ébola no nos impida ver el bosque: el juez Elpidio José Silva ha sido desterrado de la judicatura: 17 años, seis meses y un día de inhabilitación por meter en la cárcel a los corruptos Miguel Blesa (Caja Madrid, etcétera, etcétera) y a Gerardo Díaz Ferran (ex presidente de la CEOE y de Viajes Marsans). El antídoto es el recurso ante el Tribunal Supremo.

(Nota: Mientras escribía, he enseñado la palabra ébola al corrector ortográfico de WordPress. No la conocía hasta ahora y, como buen político, paliaba su desconocimiento sustituyéndola por otras que daban al texto un aire poco menos que absurdo. Ya ha aprendido qué debe hacer antes y mejor que muchos políticos.)

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