A la carrera hacia ninguna parte

Una de las informaciones que han saltado a los primeros puestos del ránking informativo es la cola de 150.000 personas que se dieron cita frente a la oficina de contratación de una multinacional de maquinaria agrícola, que ofertaba 150 puestos de trabajo en Getafe. Algunos de ellos, parados de larga duración, estaban allí sin saber siquiera a qué puestos optaban. Es la desesperación más absoluta, agarrarse a un clavo ardiendo sabiendo que los clavos no flotan ni pueden salvarnos en un naufragio. Horas más tarde, se conocían los devastadores datos del paro de septiembre: devastadores para la economía macro y micro, pero también para la esperanza.
El diario New York Times lo explicaba anteayer bien claro: la situación es insostenible, no queda margen para más recortes a no ser que el objetivo sera seguir la senda de la miseria marcada por Grecia. Y, claro, ese no debería ser el objetivo, quizá sea solo un medio para una vez debilitado todo lo público: desde la educación a la sanidad, pasando por los servicios sociales de todo tipo, venderlo a precio de ganga a un buen postor que “lo ponga en valor”, es decir, que cobre por ello y, por arte de magia y a base de esfuerzo y una loable labor de reestructuración, lo haga rentable para él, claro. El “inminente” rescate de la economía española será el escenario ideal y rodeará la puesta en escena de la jugada perfecta. Sólo los buitres que pugnarán por el botín continúan aplaudiendo al sumiso en su camino al cadalso.  Y mientras, ¿dónde está la oposición? Lo cierto es que está tan aturdida como nosotros, pobres personas físicas divididas en tantas partes como elementos forman el conjunto. No hay proyecto, menos aún alguna pista ni nada que ilusione. Sólo aguantar el asedio con las fuerzas cada día más mermadas y el ejército enemigo avanzando como una apisonadora, devastando los campos y las ciudades a su paso. No hay competición ante fuerzas tan desiguales. Para que se dé una carrera, es condición principal que, oído el pistoletazo de salida, todos los participantes corran en la misma dirección y sentido. Pero también que todos oigan ese pistoletazo, por lo que habrá que estar atento y no amodorrarse frente al televisor, que también produce monstruos. Feliz día.

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13 respuestas a A la carrera hacia ninguna parte

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  2. Ana dijo:

    Que viene a ser lo mismo que tramo de concentración de “accidentes”. Qué bien traída la imagen.

  3. Carmenchu dijo:

    Buenas noches!! He encontrado una página en Facebook que es un filón de imágenes, pero no quiero abusar…😉

  4. Carmenchu dijo:

    Buen día!😀 Como oí decir a un chico, “es trabajo”. Lo demás le daba igual…😦

  5. Ana dijo:

    Al fin los obispos se han manifestado, pero porque les preocupa la desintegración de Ehpannya, no para criticar los recortes o la pobreza. De los parados ni hablan, luego no existen. No pueden ser más cínicos.

  6. ELiSA dijo:

    Buenos diías!!
    🙂

  7. Elisabeth dijo:

    ¡Vaya panorama nos espera! Me he acordado muchas veces de aquello que nos explicaste en la playa en Sitges, sobre lo que sintieron los griegos cuando les cayó la crisis. Pues, eso: perplejidad, rabia y tristeza. Y ellos a la suya.

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