La ciudad inhabitada

Ayer compré un pequeño regalo, un detalle que tiene como destinataria a la que durante este próximo fin de semana me va a dar cobijo y tres comidas al día, además de coca de Sant Joan. Esa mujer, madre de una de mis mejores amigas (aquí no hago ránkings porque sería injusto y ya he tenido que ampliar el podio en varias ocasiones para evitar el motín), rezó por mí cada día cuando estuve en paro para que encontrara trabajo ¡y vaya si lo encontré! Ella siguió rezando igualmente para que durara. A las pocas semanas, le hice saber por su hija que ya era suficiente, que su Dios había escuchado sus súplicas y yo no daba abasto. Yo también esperaba que ella oyera las mías.

La tienda elegida, ubicada en pleno centro, tiene un outlet no muy lejos, pero había decidido que la ocasión merecía acudir a los complementos de temporada. Un día es un día. Estaba vacía y lo que podría ser un espacio cálido se me antojó lúgubre, como si se hubieran dejado de sustituir las bombillas fundidas. Tres dependientas se afanaban en parecer ocupadas y colocaban las perchas a una distancia equidistante entre sí y ordenaban en vano la ropa que ya lo estaba. Tras elegir parsimoniosamente el regalo en cuestión, contagiada por el aquel mundo que se había parado, salí a la calle. Atardecía. La gente se apresuraba por las aceras para ser engullida por las fauces del metro.

Con mi pequeña bolsa nueva, sus esquinas perfectas, todavía tieso el papel, apreté el paso hasta la estación. Me crucé con otras personas también con bolsas más ajadas en las que se intuía en su interior un tupper ya vacío. No vi durante un buen rato ninguna bolsa recién estrenada y poco a poco empecé a sentir que la rara era yo, que había hecho algo prohibido, por encima de mis posibilidades o de las del resto. “Aunque yo pueda comprar este pequeño regalo, España no puede”, pensé. Enfilando Passeig de Gràcia, me tranquilizó ver alguna bolsa parecida a la mía en manos de otros consumistas descerebrados. Sus dueños, sin embargo, no eran como yo: eran inusualmente altos, la piel de color rosa, casi quemada por el sol, ropa playera, rubios en su mayoría. Los había también morenos de pelo liso y ojos rasgados. Hablaban lenguas extrañas y parecían caminar sin destino, ajenos a las prisas y el mal humor del resto. Muchos de ellos llevaban colgando al cuello complicados artilugios para inmortalizar esta España de la crisis, la ciudad abandonada por sus habitantes, las tiendas semivacías sólo ocupadas por bárbaros y por algún autóctono que todavía no se ha enterado de la que está cayendo. A veces pienso que si los turistas desaparecieran de un plumazo, se esfumaran como en un truco de magia, la ciudad quedaría desierta y nos daría vergüenza vernos desnudos. Click. Un fogonazo. Otro click. El momento ya es historia. Click. Ya está olvidado. Bastará formatear el disco duro de la cámara y la historia volverá a repetirse.

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15 respuestas a La ciudad inhabitada

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  2. Carmenchu dijo:

    Buenos días!! 😉

  3. ELiSA dijo:

    Buenos días:

    ¿todo bien Carmenchu?

    😐

  4. ELiSA dijo:

    Bueno… estamos a 21 enfilando la última semana del mes … pero, describes muy bien que hasta un regalo puede generar culpabilidad. Pero no a tí, que tienes capacidad para hacer los equilibrios en el presupuesto para que haya para todo. Me imagino qué como siempre.

  5. Ana dijo:

    Está muy bien lo de la amiga que te invita y te da tres comidas y coca. Está muy bien que hayas estado de compras. Las dependientas han debido de ver la luz, en ese espacio lúgubre y vacío, cuando tú has entrado. Está también muy bien que nos lo cuentes tan bonito.
    Cuánto partido le has sacado a esa bolsa nueva, con esquinas sin doblar.

  6. Mar dijo:

    Hola noies, us deixo música http://www.youtube.com/watch?v=fQjfv4LHQ68&feature=fvwrel

    Carmenchu, per si et serveix de consol, abans d’ahir vaig anar a comprar-me una camisa i me’n vaig comprar dues, en un botiga de poble que està apunt de tancar perquè els pocs que tenen diners se’ls guarden sota la rajola. Si ens hem de morir que ens trobin mudadetes i que no quedi ni un euro per als dels bancs.

  7. Mar dijo:

    Per cert, he tafanejat el post de l’any passat https://desestresandoamary.wordpress.com/2011/06/21/verano-2/ (qui ens ha vist i qui ens veu, jeje).

    Marga, si ens llegeixes: PER MOLTS ANYS!

    • ELiSA dijo:

      Yo también miro los post de hace un año. Hoy hubiera sido el santo de mi madre política. Felicidades a Marga. En este tiempo de participacion en el blog, me han ocurrido cosas muy importantes. He tenido vivencias virtuales muy gratas que han derivado gratamente a la vida real. Mi vida ha dejado de llevar un patrón diseñado por mì y ahora la diseña las circumstancias. Agradezco a nuestra webmaster su contancia. Encuentro a faltar a anxel. Me gustaría en estos momentos tan convulsos políticamente leer sus impresiones.

  8. Ana dijo:

    Carmenchu, lo de ciudad “inhabitada” ¿es un guiño lliterario? ¿es un tic inglés? ¿No se dice deshabitada? que conste que no es por incordiar, sino por saber si lo has puesto a propósito o no.

  9. Carmenchu dijo:

    Hola!! Yo no miro los posts de hace un año: que me entra nostalgia… 😉 echo de menos a Anxel, a Marga, a Alejandra, a Genital,… Sniffs! Por eso no los leo… Aunque un día lo hice y me reía sola!
    Elisa, no sabes cómo me organizo. Podría haber presidido Bankia y no estaríamos como estamos… :mrgreen:
    Mar, tienes toda la razón del mundo. Yo también conozco a muchos que, sin ser ricos, no van a perder su trabajo ni su pensión y están en plan huelga de consumo sin motivo personal. Es el miedo colectivo, que se contagia…
    Ana, pues sí: existe! Lo busqué cuando ya lo había publicado porque al verlo me entró la duda.
    http://lema.rae.es/drae/srv/search?id=s0lpAmyf0DXX2N9utkXn 😀

  10. Carmenchu dijo:

    Y muchas felicidades, Marga-Luisa!!! 🙄

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