Economía doméstica

Déficit, déficit, déficit… Es el mantra de moda, en boca de todos y de nadie, la excusa perfecta para no hacer nada y hacerlo todo, hasta lo impensable. No sólo no cuadran las cuentas del Estado, de las autonomías o de los ayuntamientos, también chirrían las voces al pronunciarla y se nublan los ojos al leerla. Y, de tan cotidiana, está llegando a perder su significado. Sólo se acuerdan de su simplicidad algunos contables anticuados, los viejos del lugar y los que lidian día a día con él en la economía doméstica. Déficit es la diferencia entre ingresos y gastos cuando éstos son mayores que los primeros. Para reducirlo a cenizas o a un recuerdo de una pesadilla de monstruos debajo de la cama puede actuarse o sobre los ingresos (aumentándolos) o sobre los gastos (reduciéndolos). Pero la obra ya se ha estrenado y lleva años en cartel con gran éxito de público y aplausos diarios desde los asientos de palco. ¡Actor, actor!, gritan los más exaltados cuando el monólogo sin preguntas alcanza su cénit: cuando hay que reducir el déficit reduciendo los gastos, donde también se incluyen las inversiones, que son los gastos con beneficios futuros, como la educación, la sanidad, la investigación… Lo que nos ha hecho lo que somos. Reducir la inversión es la única alternativa, el final cerrado de esta obra castiza, de humor grueso y esperpento que sigue y sigue. Pero hay otros finales, como el triunfo de los ingresos, aunque no a costa de quien menos tiene, aunque seamos el 99%, sino de quien más defrauda y no paga por sus beneficios, de los que reportan miseria mientras tienen ganancias y despiden así a sus trabajadores amparados bajo el paraguas protector de la crisis. Aquí entrarían las grandes fortunas agazapadas tras el manto de las SICAV o de otros instrumentos, de los que he sabido no hace mucho. Al fin y al cabo, soy una ciudadana media y algunos conocimientos se me esconden para que no tenga que ir a urgencias aquejada de ojiplatismo. Esos instrumentos, muy conocidos para unos pocos pero nuevos para mí,  son las Entidades de Tenencia de Valores Extranjeros (ETVE), que encumbran la exención de impuestos a forma de vida, de buena vida. De poco sirve arañar gastos e inversiones aquí y allá desmantelando lo hecho hasta ahora, mientras por la brecha se escapan miles de millones de euros defraudados a Hacienda, es decir, a todos menos a los clubs de fútbol, claro… y entra el agua a borbotones hundiendo la proa de este crucero low cost.

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14 respuestas a Economía doméstica

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  2. Genital dijo:

    Toda frase breve acerca de la economía es intrínsecamente falsa.

    (Ad hoc)

  3. Ana dijo:

    No sé si estará arrepentido realmente, pero sienta bien leerlo. Nos confirma lo que ya sabíamos. http://www.publico.es/dinero/425842/dimite-un-director-de-goldman-sachs-por-su-bancarrota-moral

  4. Ana dijo:

    Los clubs de fútbol con deudas tendrían que cerrarlos. Y reabrirlos como clubes de deportes amateur, competir sólo para superarse y mejorar pero no para enriquecerse. Porque ellos hacen lo mismo que algunas empresas, fichan con un dinero que no tienen a un jugador y luego lo primero que dejan de pagar es a Hacienda. El deporte está muy mal gestionado. Con esos millones que deben, podría pagarse a Catalunya los 700 y pico millones que les debe el Estado.
    Yo sería muy intransigente con las deudas a Hacienda y a la Seg. Social de cualquier institución, por muy romántico que suene, deportiva.
    Del Barça y del R. Madrid no hablo, porque eso son multinacionales multisector, publicitarias, inmobiliarias, inversoras internaciionales, etc.etc.y luego, además, juegan al fútbol, muy bien por cierto.

    • ELISA dijo:

      Y buenas tardes!!

      😀

      Hoy trataba de explicar a una persona joven el concepto del ahorro para la jubilación y he tenido una sensación de impostura. Hace años los productos financieros para la jubilación se ofrecían a una sociedad que confiaba que se jubilaría con sus cotizaciones finales necesarias para alcanzar una pensión digna. Aún así, se aconsejaba que para mantener el status de vida anterior a la jubilación las familias debían de ahorrar y se inculcaba que era conveniente iniciar un ahorro a edad temprana para complementarla.

      ¿Cómo van a entender el concepto del ahorro personas que han vivido en una sociedad de consumo?

      ¿Cómo van a considerar atractivo el ahorro personas que no tienen trabajo?

      ¿Jubilación? ¿cuándo y qué?

      Después hemos hablado de las ventajas fiscales de esos productos, de las retenciones del IRPF. Luego, de la obligación de tributar impuestos para el bienestar social…. Os puedo asegurar que tengo un nudo en la garganta y ganas de llorar. 😕

      • Carmenchu dijo:

        Hola! No me llores, que si lloras tú!…. Es hasta normal que un joven no entienda el concepto ahorro. Yo tuve que aguantar el choteo de mis amigos cuando, con 23 años, me hice un plan de pensiones. Luego, hace unos años, lo rescaté porque necesitaba el dinero para el presente. Las cosas van como van y el presente es lo que importa por la sencilla razón de que es lo único que tenemos. Y esto te lo dice doña Angustias del Futuro, que ese miedo que me inculcaron desde pequeña no se me irá nunca.

      • Ana dijo:

        ELISA. En estos momentos debe ser muy difícil hablarle a alguien del futuro y de cómo llegar a la jubilación con más tranquilidad, cuando no sabemos nada acerca del presente y la incertidumbre sobre legislaciones futuras, modelos de negocios futuros, múltiples cambios de trabajos en distintas empresas, etc.etc. es total. Cuando no saben, los que más saben, cómo arreglar el presente, ¿qué puede aconsejarse?

        Cuando daba clases de matemáticas financieras, no tuve nunca que decir o explicar algo que no fuera verdad o de lo que dudara sobre su idoneidad, al margen de un riesgo asumible y más o menos controlable. Había menos productos financieros, más claros y sencillos, con información creíble y fiscalización clara. Pero ahora desde que el precio de las cosas, no el valor, depende de la confianza de no sé quien, me sería muy difícil aconsejar a un alumno lo que él, a su vez, debería aconsejar a sus futuros clientes. Hoy no se conocen la mayoría de las variables que pueden afectar a un producto de los que los ingenieros financieros inventan, no para la inversión o el ahorro, como antes, sino para especular y trapichear a nivel global. El posible colaborador de una entidad financiera debería aprender, lo primero, que tendrá que hacer el trabajo sucio de su entidad sí o sí, el peor, el de engañar a sabiendas. Creo que, de antemano, muchos abandonarían esta opción laboral.

        Creo que hoy me haría profesora de ética, de lo que menos sabemos y más necesitamos..

        • ELISA dijo:

          Buenos días!!

          😀

          Ana: seguro que no he transmitido bien lo que quería decir en mi intervención de ayer. Conecto con tu primer párrafo y para nada con el resto. Como en todos los ámbitos de la vida, siempre habrán personas independientes que mantengan su coherencia y ética a la hora de aconsejar. Si explicabas a tus alumnos cuestiones en las que asumías “un riesgo controlable” sería sobre cuestiones pasadas porque sobre el futuro no se puede predecir, pero sí hacer algún plan porque sino no nos moveríamos. Ese es otro asunto. Me estaba refiriendo a nuestra confianza en el estado democrático, a nuestras contribuciones para el futuro sin intuir, ni por asomo, en lo que podrían urdir los gobernantes para cambiarlo todo. Con el presente panorama, hablar de futuro y de mantener status, cuando vamos a tener que preocuparnos por subsistir, me parecía una frivolidad. Pero de eso a denostar el trabajo financiero hay un abismo. En todos los ámbitos hay “trabajos sucios” y no todos están dispuestos a hacerlos.

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