Mctrabajo feliz

¿Un golpe de efecto? ¿El signo de los tiempos? ¿Márketing? Lo cierto es que McDonalds ha anunciado a bombo y platillo que hoy, 19 de abril, creará 50.000 nuevos puestos de trabajo para sus 14.000 establecimientos en Estados Unidos, la mayoría franquicias. La cadena de comida rápida aumentará así su plantilla el 7,7%, hasta las 700.000 personas en el país.
Trabajo poco hecho, vuelta y vuelta, con extra de patatas, ketchup y refresco desbravado, con vistas a la temporada de verano, teniendo en cuenta que cada vez más (¿restaurantes?) están abriendo las 24 horas del día.

Puestos de trabajo iniciáticos al mundo laboral de los mayores, que habrían servido como sucedáneo a escala de la sociedad de consumo y que ahora, crisis mediante, se convierten en la tabla de salvación de trabajadores cualificados sin empleo, amas de casa en busca de un segundo jornal porque el primero no llega o, en el mejor de los casos, de jóvenes universitarios sin perspectiva de continuidad que luchan por sobrevivir.  Porque sobrevivir es lo que les espera a razón de una media de 8,3 dólares por hora (unos 5,8 euros al cambio de hoy). El sueño americano pasado por la trituradora, atiborrado de aditivos en medio de unas rodajas de pepinillo y convertido en hamburguesa feliz.

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67 respuestas a Mctrabajo feliz

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Genital dijo:

    El aroma del pepperoni caliente salía de entre los reclamos visuales expuestos a la población por una sucursal expendedora de manduca exprés bien conocida a causa su fanatismo multinacional. Yo me hallaba en pleno paseo meditabundo, a la par que trataba de planificar las acciones necesarias para la supervivencia durante una de esas etapas de consolidación espiritual, que me sobrevenían cuando empezaba a faltarme el dinero. Sentí de pronto deseo magnético por incorporar a sus filas corporativas todo el despliegue efectivo de mis habilidades y conocimientos. Tras un proceso selectivo muy riguroso, fiché como repartidor entre las filas motorizadas al servicio de la prestigiosa causa comercial conocida como “Pizza Hut”. El uniforme de la empresa me sentaba divinamente, como todo lo que me pongo, pero además aquí era normativo llevar una gorra roja que ennoblecía mi aspecto. Acoplé a mi moto, que era necesario poseer como requerimiento imprescindible para obtener el trabajo, un armatoste enorme cuyo volumen me hacía apoyar los cataplines en el depósito, al objeto de poder transportar las viandas cómodamente. Entonces, ya equipado y uniformado, me lancé sin pensarlo a devorar la primera remesa culinaria que salió del horno destinada a los empleados.

    Cuando me encontraba en el paroxismo digestivo se unió el resto del personal con una avidez canina sólo contenida por el recato inherente al miedo jerárquico propio de una estructura empresarial. Después de zampar, iniciamos las presentaciones y empecé a estrechar lazos con mis nuevos colegas, que resultaron ser un grupo compuesto por representantes del conjunto más bohemio de mi querida ciudad. Pintores, escritores, ingenieros, historiadores, poetas, músicos, anarquistas y actores forjaban su carácter al calor de los fogones. Una vibrante percusión de vitalidad intelectual recorría de extremo a extremo la caldera productiva que hacía girar los engranajes a la maquinaria comercial, interrumpida, eso sí, por las frecuentes manifestaciones de regresión evolutiva que las hembras provocaban en los machos, no sin cierta malicia, en las que se hacía patente un claro deseo carnal y una nítida determinación de copular.

    (Capítulo I)

  3. Carmenchu dijo:

    Buenas!!!
    Genital, hola! Te leo luego, que la cosa promete y ahora no puedo.

    Hoy tengo cenita con unos amigos: no sé porqué le da a la gente por despedirse ante cuatro días de vacaciones, si ahora hacía semanas queno nos veíamos. Podríamos habernos despedido ya entonces, no? Mira que hay gente extraña…

    Así que os quedáis hoy al frente del barco. No os preocupéis, que mañana ya lavaremos los cacharros de la noche y pasaremos la mopa… 😉 Besos!

  4. Mar dijo:

    Vaya, Carmenchu, ¿otra vez de parrandeo?, ¿comeréis hamburguesas?, jeje

    Genital, siga usted por favor (Ana, mejor no leas la última línea del capítulo, jeje).

    Por mi parte, os dejo algo que no tiene nada que ver con el post (¡viva la anarquía!). Un placer (para mí) escuchar y leer a F. Mayor Zaragoza.
    http://www.canalsuralacarta.es/television/programa/1001-noches/10
    http://www.attac.es/%c2%a1inadmisibles-insolidaridades/

    • ELISA dijo:

      Carmenchu, haces muy bien de estimular tus endorfinas, cada vez te veo menos estresada 😉

      ..”Estimulando las endorfinas
      Las endorfinas son de efecto espectacular para la vida en su totalidad. Hay dos modos de incrementarlas: relajación o forzamiento. Cuando nos relajamos, se apacigua la actividad psíquica y se reparan perturbaciones. Se recomienda: todo tipo de ejercicios, tomar leche materna porque contiene endorfinas, la sexualidad tántrica, reír, recordar o visualizar situaciones placenteras. Los masajes, la acupuntura, ciertos bailes rituales o ceremoniales, aplaudir, frotar las manos, el saludo efusivo, el apretón de mano, el abrazo, el beso, las caricias, desarrollar gozos místicos de amor, el contacto piel con piel, el recuerdo de la persona amada, bailar, pasear en la naturaleza, caminar descalzo, el olor de hierba fresca, el ozono limpio luego de una tormenta, escuchar la música melódica o favorita, si es preciso reiteradamente, la lectura de un libro, una poesía, la fragancia de un perfume, el orden, cuadros amables, estatuillas encantadoras, artesanías impactantes, colores relajantes, los alimento que nos placen, etc…”

  5. Genital dijo:

    Cuando me encontraba en el paroxismo digestivo se unió el resto del personal con una avidez canina sólo contenida por el recato inherente al miedo jerárquico propio de una estructura empresarial. Después de zampar, iniciamos las presentaciones y empecé a estrechar lazos con mis nuevos colegas, que resultaron ser un grupo compuesto por representantes del conjunto más bohemio de mi querida ciudad. Pintores, escritores, ingenieros, historiadores, poetas, músicos, anarquistas y actores forjaban su carácter al calor de los fogones. Una vibrante percusión de vitalidad intelectual recorría de extremo a extremo la caldera productiva que hacía girar los engranajes a la maquinaria comercial, interrumpida, eso sí, por las frecuentes manifestaciones de regresión evolutiva que las hembras provocaban en los machos, no sin cierta malicia, en las que se hacía patente un claro deseo carnal y una nítida determinación de copular.

    En esencia, el trabajo era sencillo: calentar bloques de hielo llamados “crujiente masa”, llenarlos de queso y cosas, churruscarlo todo y llevarlo cagando leches al domicilio de alguien dispuesto a pagar por comerlo. Incluso un tipo como yo podía hacer esa tarea sin muchas dificultades. Sólo había dos cosas que complicaran realmente la tarea: los ladrones y la Guardia Urbana Local. Los ladrones porque obviamente dificultan con sus actos la vida de los demás obligándoles a poner candados y a llevar llaves por todos lados, y la Guardia Urbana Local por su visión estratosférica de las cosas. La acción conjunta de ambos resulta demoledora, por lo que si a uno le es sustraído el casco de la moto, sirva esto de ejemplo, será multado por circular sin él cuando vaya a denunciar el hurto con una cantidad equivalente al sueldo de cuatro días. Los niños son otro elemento disruptivo a tener en cuenta, pero son fáciles de neutralizar afirmando que la pizza que uno porta “es de espinacas”.

    Otro aspecto notable de aquel sitio era lo buenas que estaban las hembras y lo poco que les gustaba disimularlo, por lo que al entorno laboral no le faltaban las pinturas de un fragor erótico muy ameno y estimulante. Aún así, la precariedad salarial me apretaba un poco de sisa, lo que me decidió a alternar mis actividades proletarias con algunos proyectos estadistas que una corporación privada estaba dispuesto a pagarme, de forma que mataba dos pájaros de un tiro en cada reparto, ya que a los clientes les hacía una encuesta mientras me pagaban la comanda. Los días transcurrían felices, repartiendo pizzas, esquivando a los guardias, abriendo y cerrando candados, averiguando la tendencia electoral de la población y metiendo mano a las compañeras que se dejaban sin poner reparos. Aunque como patronal “Pizza Hut”” se saltaba los pactos del convenio a la torera, a nosotros nos daba igual porque tampoco había una conciencia de estar haciendo algo importante.

    (Capítulo II)

    • ELISA dijo:

      Y buenas tardes, Carmenchu:
      😀
      Pues una hamburguesa de buena carne, bien elaborada, casera, con salsa bien hecha a base de hierbas, pimienta etc., no está mal. Pero las hamburguesas que he visto comer en Mcdonnals, a niños o jóvenes, la verdad no me seducen nada, pero, algo tendrán cuando tienen tanta aceptación, quizás el compendio patatas ketchup, gran vaso de coca-cola bandeja y platos de volcar y tirar. Y ese crecimiento de franquicias en EEUU ¿a qué es debido?- 24 horas al día- Entiendo que hay una tendencia por parte de los jóvenes a pasar toda la noche en vela (fines de semana) jugando con las playstations etc y saqueando el frigorífico pero, salir a media noche a comer a un Mcdonnals… No sé. Espero y deseo que en nuestro país ofrezcan otro tipo de empleo y fomenten (otra utopía) otro modelo de alimentación.

  6. ELISA dijo:

    Hola Genita!!

    Gracias por enviar buena escritura.

  7. anxel dijo:

    Buenas tardes

    dedicada al entrañable Genital
    http://www.youtube.com/watch?v=MJZPF-gTNDI&

  8. anxel dijo:

    para todas (os) las (os) entrañables compañeras (os) del blog
    http://www.youtube.com/watch?v=57ZRLLuuAnc

  9. ELISA dijo:

    Bueno, voy a ver si frío algo, que se deje, en la cocina 😆 Luego entraré a leer. Hasta luego!!

  10. Genital dijo:

    La nómina apenas me daba para pagar a los lacayos que cuidaban de mi residencia en la zona noble residencial. Me llegué a plantear la propia contratación como lacayo, pero el sueldo de lacayo sólo alcanzaba para alimentarme de pizzas, cosa que por otro lado ya hacía gratuitamente. Al cabo de pocos meses, junto a los más estoicos, acepté que me renovaran el contrato, lo que nos llevó a dar serviles saltos mortales de agradecimiento y alegría. El futuro nos pertenecía tanto como nosotros a él, y yo estaba dispuesto a devorarlo todo, ora en su versión “Rolling Pizza”, ora en su versión “de molde”. Pronto el tempo estático, repetitivo y plomizo de la dinámica urbana empezó a devorarme a mí. El final de cada jornada siempre era igual, las hembras desnudaban sus cuerpos, los untaban con aceite de girasol y danzaban para nosotros exóticas danzas que despertaban muchísimo la libido, por lo que las noches se alargaban perdiéndose entre un número incontable de sibaríticas, alegres y agotadoras cópulas, las cuales pasaban luego gravosas facturas a mis reservas de energía vital.

    Durante el día, elevados edificios sin ascensor me esperaban para que los subiera al ritmo cimbreante que marcaba el temblor de mis rodillas, sobrepasada la tercera o cuarta planta. Al acabar la ascensión mi presencia causaba perturbación entre las criaturas, que se asustaban al verme llegar echando el bofe y arrastrando su comida, agónico, desdichado y diferente de los otros mayores, quienes se mofaban y reían pletóricos de buen humor agitando sus billeteros, mientras a la vez yo rellenaba mis cuestionarios con sus datos y gustos electorales. El calor del horno desleía mi organismo en forma grotesca, al acercarme a él su vulturno hacía sobresalir dos centímetros los globos oculares de sus cuencas, y secaban mi boca hasta darle consistencia de estropajo unida a una sequedad lipemaníaca. Para terminarlo de arreglar, mis trotes de fauno, antes alegres y vivarachos, acababan ahora en torpes accidentes y tristes resbalones causados por el cansancio que lancinaban dolorosamente mi cuerpo, al cual volvía a castigar por la noche con infinidad de eyaculaciones. Una de esas tardes dramáticas, cuando el sopor me vencía, llegué incluso a perder el equilibrio para sumergirme en una ensoñación muy plácida, donde yo dormitaba en una playa desierta sobre un montón de platos.

    Enseguida me desperté con asombro sobre un montón de platos, pero no en una playa desierta. Tampoco el batracio antropomórfico que vendía helados en mi sueño dando voces era tal cosa, sino el encargado del negocio pizzeril que me llamaba desde el mostrador. Acongojado e inquieto por la aridez verbal que el esbirro mercantilista había utilizado para profanar mi nombre, llegué a arrastrarme delicadamente hasta un rincón apartado, donde me recogí en posición fetal con la intención de gimotear, pero no pude lanzar ni tan siquiera un gañido ya que los sicarios corporativos no dan descanso, tregua o concesiones a quien más lo necesita, y enseguida le llaman a uno para realizar cualquier tarea ingrata. Descubrí al acudir a su llamada con agrado que, esta vez, en lugar del habitual graznido hosco con que los encargados acostumbran a exigir laboriosidad de sus subalternos, me esperaba un tipo empuñando una pistola de buen tamaño que apuntaba hacia mi cara con serena fiereza

    (Capítulo III)

  11. Mar dijo:

    Bona nit a tothom.
    Anxel, veo que hoy sí que has encontrado música. Por cierto, gracias por el poema de ayer.
    Chic@s, el blog está un pelín aburridillo. En fin, no sé que más decir.

  12. anxel dijo:

    Bueno, aprovecho para agradeceros tantos buenos momentos, me despido por una temporada que trataré que no sea demasiado larga. A quienes os pasáis hoy por aquí y a quienes se pasen otro día, o no se pasen, que lo importante son las intenciones, os deseo lo mejor. Curad vuestras fobias, mimad las filias, vigilad esos kilos de más, seguid siendo, en definitiva, más o menos como sois :mrgreen:

    un abrazo, nos vemos

  13. Genital dijo:

    En un principio, me pareció extraño que el asaltador se tomara tantas molestias sólo para arrebatarme “las propinas”, por lo que le dije “hola” abriendo y cerrando la manita en la creencia de hallarme ante “un amiguito especial” escapado de alguna institución para dementes. La observación más atenta del escenario me sacó del error. Se trataba de un robo típico en toda regla, con pistolón y chorizo incluidos, durante el cual un heroico empleado llama a un subalterno para poner en juego la vida del segundo, y así salvaguardar la suya de la amenazas del delincuente, que está enfadado porque encuentra escasa la cantidad de indefensos billetes y preciadas monedas que componen el botín. Al comprender la situación sentí un deseo súbito de levantar los brazos y rendirme incondicionalmente, cosa que hice, pero el tipo no hacía prisioneros. Amenazó con “volarme la cabeza” si no le daban “más dinero”, lo cual me supo muy mal, sobretodo porque al encargado, tapado por el mostrador, le sobresalían billetes de banco escondidos desde la cintura y a través de la bragueta.

    Decidí estornudar sobre el atracador para apartar su atención del gatillo y llenarle de babas. A continuación, concentré en sus ojos la franqueza de los míos. Al poco de intentar ambos mantener fija nuestra mirada comenzaron a brotarnos las lágrimas. Entonces, me mandó dar la vuelta, cosa que hice rapidísimo pues sentía con nitidez metafísica la presencia del armamento apuntando mi nariz y, además, de esta forma pude contemplar la imagen mucho más relajante de una tía en bolas inmortalizada para un calendario a mayor gloria de Septiembre. Yo esperaba la novedad de un balazo con sus incógnitas y sus alegrías en cualquier momento, pero en lugar de eso decidieron, él y el encargado, atormentarme con una trifulca sobre los detalles escénicos de un atraco poco fructífero. En ellos uno sostenía que faltaría a las normas del gremio de delincuentes si salía a la calle sin apenas beneficios, y el otro afirmaba, ahora que la pistola me apuntaba a mí, que aún sabedor de haber puesto mi vida en juego no se hacía responsable de las consecuencias.

    Llegué a desear que me dispararan un poco para tumbarme y descansar un rato de tanto rollo patatero, pero al final se impuso la épica defensa que hizo el encargado de la propiedad privada y el caco desistió en su empeño, dándose a continuación a la fuga. Prácticamente detrás de él salí yo lanzando el uniforme por los aires, con una pizza debajo del brazo, mientras sentía cómo la fe mística llenaba mis venas. Las promesas de nuevas fronteras aceleraban mi corazón y noté las primeras manifestaciones de una palpitación estomacal que respondía al extraño deseo, imperioso, desconocido para mí hasta ese momento, de sumergirme en la corriente de las calles, mezclarme entre mis conciudadanos y, quizás con el pensamiento puesto en la inmortalidad, contraer matrimonio…

    (Fin)

  14. anxel dijo:

    es la hora, despedidme de Carmenchu, un fuerte abrazo 😉

    • Carmenchu dijo:

      Adiós Anxel!!!!…. Hasta siempre….! (¿Ande habré metío la botellita de las lágrimas…? brrrrrrrrrrr…..). 😯

  15. ELISA dijo:

    Bueno, anxel, ha sido divertido, esa adrenalina, ese juego de adivinanzas ¡¡si somos como niños!!, pues ea!! a dormir

    http://www.youtube.com/watch?v=17BIbwmt96Y

    Boas noites!!

  16. Mar dijo:

    Vaya, ELISA y anxel, os he seguido y al final hasta me parecéis cómicos y todo, creo que sois como almas gemelas, jeje.
    Por cierto, ELISA, creo que tienes una confusión en quien te responde los mensajes: siga la escalerilla, chiquilla, que no es tan dificil.
    Qué bien se lo pasará Carmenchu, cuando vuelva.
    Supongo que soy la única masoka que queda por aquí. Ale, bon vent i barca nova.

  17. Carmenchu dijo:

    Pues ya estoy aquí!!! antes de nada, Genital, gracias. Hacía mucho que nos privabas de tu prosa. Graciassssss!!!!!! 😛

    Pues he cenado en un vasco, a base de tapas estilo Donosti. Hacía tiempo que no iba a uno. Mmmmmmmm… :ñam: jajaja!

    No te creas Mar, que pateixo mucho… Jaja!
    Buenas noches a todos! He vuelto a una hora prudencial, que ya se sabe, a
    quien madruga, Dios le da un día infernal lleno de sueño y espesura… 😉
    No me extiendo más: Buenas noches y hasta mañana. Mira que os gusta hacerme de sufrir…..

  18. Carmenchu dijo:

    Buenos días! Y me pones la saeta…. Ya te vale, que yo hasta el viernes ná! Bueno, no me quejo, eh? No me quejo… 🙄

    Mar, me ha gustado eso de bon vent i barca nova! 🙂

    Anxel, una postal al menos. Las señas:
    Desestresandoamary
    wordpress.com
    Internet
    (Correos hace milagros! e igual la digitalizan) :mrgreen:

  19. Carmenchu dijo:

    Ya están hablando de fútbol, qué cruz con el monotema… Hasta la información del tiempo la dan de Valencia…

  20. Ana dijo:

    entro a saludar y veo que me será imposible leeros. Estoy muy liada, ésta y, posiblemente, la próxima semana. Me asomaré los días que pueda, pero lo de leeros no sé si será posible.
    Feliz puente para los que lo tengaís, me imagino que la mayoría.

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